
Qué complicado hacemos muchas veces el amor, qué difícil es ser incondicional; empezamos a enredar un sentimiento o nos forzamos para seguir queriendo a alguien por quien ya no sentimos esa pasión que en un inicio nos embriagaba. Y del mismo modo, cuántos enfados tenemos cuando un familiar, un/a amig@ u otra persona no actúa como a nosotros nos gustaría o esperábamos de él/ella. El amor incondicional no es un amor pasional necesariamente, ni tampoco platónico ni inalcanzable; es ese amor desprovisto de juicios, un amor que acepta las cosas como van viniendo y no como nos gustaría que fueran; puede ser hacia una persona o hacia uno mismo. ¿Qué NO es amor incondicional? Mantener una relación caducada por miedo a estar solo o a los cambios. Criticarnos a nosotros mismos. Estar con una persona que nos hace sentir inferiores/superiores. Culpar a un familiar por hechos cometidos en el pasado. Querer seguir en una relación cuya pareja nos agrede verbal o físicamente. Manifestar a una persona un aprecio que realmente no sentimos. Condenar a un/a hij@ por no ser lo que esperábamos de él. ¿Qué es amor incondicional? Aceptar que una persona sea como quiera ser. Dejar ir a una persona que ya no está con nosotros (física o metafóricamente). Respetar las decisiones que otra persona quiera tomar y tratar de comprenderlas. No querer que otra persona cambie sus defectos. Abrazar y entender que las experiencias son parte de nuestro proceso personal. Concluyendo, el amor incondicional no es algo que se forje en dos días ni es tampoco una máxima a alcanzar, pues requiere un trabajo constante para quitarnos las armaduras, las defensas y los juicios y no siempre consigue ser puro al completo. La recompensa por amar incondicionalmente es evidente: cuando dejamos que las cosas sean como tengan que ser y no como esperábamos, nos sentimos completos con lo que somos actualmente y aceptamos a los demás como lo que son.





